El propósito del Padre es que oigamos su voz


El tiene muchas cosas que decirnos y cuanto más escuchemos, más detallado será lo que oigamos.  Si nuestra vida está llena de basura impía y otras voces son oídas en nuestro hombre interior, entonces es improbable que podamos oír la voz de Dios con la misma claridad que cuando este no sea el caso.

Cuando empezamos a oír a Dios, nos habla acerca de asuntos mayores. Nos habla para salvación. Luego oímos la voz de Dios para decisiones grandes.

Normalmente, esto es porque sabemos que no podemos afrontar éstas solos y por tanto hacemos sitio particular para la dirección de Dios en estos momentos.

Con el tiempo llegamos a un lugar en que oímos de Dios todo el tiempo, para poder vivir una vida como la de Jesús, que hizo sólo lo que su Padre quería que hiciera.

El lugar más seguro y productivo para oír a Dios es a través del testimonio de la Escritura. Noventa por ciento de toda la dirección que jamás necesitaremos ya ha sido escrita en la Escritura.

Necesitamos vivir con las Escrituras como pilar en nuestra vida. Sin embargo, incluso las Escrituras pueden acabar como doctrina muerta y legalismos a menos que apoyemos la Escritura en otro pilar: el pilar del Espíritu Santo que nos habla la Palabra de Dios para hoy.

Necesitamos caminar con estas dos fuentes de la Palabra de Dios en equilibrio.

Adán fue creado para ser la autoridad delegada de Dios en la tierra. Cuando Adán hablaba era como si hablase Dios.

Sin embargo, Adán escuchó a otra voz, y por tanto fue inmediatamente corrompido y perdió la habilidad de ser un canal puro para la Palabra de Dios.

Jesús vino como el último o segundo Adán para restaurarnos, como discípulos de Jesús, nos da el potencial para ser la autoridad delegada de Dios de nuevo y, por tanto, ser canales de su Palabra (1 Corintios 15:22,45).

Esto es para lo que la humanidad fue creada originalmente y por tanto sólo cumplimos nuestro potencial en Dios.

Por consiguiente, debemos alimentarnos con la Palabra de Dios en sus dos formas y disciplinarnos para que no recibamos la palabra del diablo o de su sistema mundano.

Esta es una batalla que se libra en nuestra alma. Para permitir que Dios y su Palabra ganen esta batalla, necesitamos estar abiertos para que El nos hable su Palabra a través del Espíritu Santo y luego obedecerla.

Entonces estaremos viviendo en el poder de la Palabra de Dios que es, en realidad, vivir en Dios, porque Dios es la Palabra (Juan 1:1-2, 14).

Cuando Dios habla, las cosas son creadas (Génesis 1). Cuando vivimos con la Palabra de Dios seremos liberados, porque la verdad nos liberará (Juan 8:31-32)

Necesitamos recibir la Palabra de Dios en nuestra vida con humildad y obedecerla porque trae libertad (Santiago 1:21-254).

Necesitamos recibir la Palabra de Dios porque trae fe (Romanos 10:17), y guía (Isaías 30:21).

La Palabra de Dios no le volverá vacía, sino que llevará a cabo lo que El desea y alcanzará el propósito por el cual fue mandada (Isaías 55:8-11).

Cuanto más practiquemos escuchar a Dios en nuestra vida cotidiana tanto más hábiles llegaremos a ser en discernir su voz.

Al tomar el tiempo de esperar ante el Padre, no sólo llegamos a conocer más de El, sino que llegamos a conocer más de nosotros. Llegamos a reconocer nuestros humores y sentimientos.

Llegamos a leer las influencias de nuestro espíritu. Llegamos a conocer cómo reaccionamos o respondemos en el interior cuando oímos a Dios.

Debido a esto, precisamente, es muy difícil para una persona describir a otra porqué sabe que es el Señor hablándole. ¡Sólo reconoce las señales y sabe que lo sabe!

El hecho es, que cuanto más demos sitio a la voz del Padre en nuestra experiencia, será tanto más probable que conozcamos su voz; y cuanto más le busquemos para cada paso en nuestra vida, tanto más empezaremos a discernir su mano, incluso en los pasos minúsculos y aparentemente menos importantes que hemos de tomar.

Es una gran experiencia saber que Dios hablará en nuestro corazón y mente a través de toda situación si se lo permitimos.

Algunas personas buscan algo que no existe. Lo complican todo demasiado.

Se imaginan que cuando hablamos de “oír la voz de Dios”, siempre debemos recibir una visión especial o una voz real hablando dentro de nosotros que sea muy clara e indudable. Raramente es así.

La voz de Dios en nosotros viene a través de canales que en la mayor parte ya están construidos en nuestro sistema, por ejemplo, nuestra mente, y los procesos de pensamiento, impulsos de corazón, sentimientos de inquietud o de una profunda paz, presentimientos que recibimos en nuestro espíritu.

Existen por supuesto, momentos en que El se abre camino en una manera muy clara y sobrenatural, porque la situación lo exige, o porque es algo que no quiere que perdamos.

Pero, normalmente, el Padre espera que cooperemos en esta comunicación de su Palabra. Es un ejercicio vidireccional.

Somos personas hechas con el propósito de oír a Dios. Obedece la Palabra que lees y oyes, porque esta obediencia es el secreto de la cooperación con el Padre.

Si no cooperamos con El al nivel de arreglarnos, no podremos cooperar con El en ningún otro nivel de revelación.

Es importante aprender que Dios tiene tiempos y circunstancias que nos incumbe analizar bien.

Durante tales tiempos las cosas se mueven con mucha mayor rapidez y con mayor facilidad que en otros tiempos. Podemos perderlo si no aprendemos a leer nuestro espíritu.

Es dentro de nuestro espíritu que deberíamos recibir las certezas que da Dios: el conocimiento de la certeza de fe y la convicción interior de que algo está bien ante el Señor.

No deberíamos, y no podemos, dar un paso en la esfera de la fe sin este testimonio del Espíritu.

Características que acompañan la Palabra del Señor

1. Es inmediata
Esto significa que la Palabra nos viene de una manera directa y personal, y que es muy poderosa y llamativa. Es como un flechazo en un lugar seguro y en circunstancias muy difíciles de evitar o ignorar.

2. Es pertinente

Esto significa que tal palabra será muy pertinente a las situaciones que nos enfrentamos en nuestra vida. La Palabra de Dios normalmente está marcada por su aplicación y oportunidad.

3. Es eficaz

La Palabra de Dios siempre produce un efecto: Si la recibimos y la aplicamos, traerá fruto.

4. Es adecuada

La Palabra de Dios nunca está sola! No sólo es adecuada en el sentido de ser pertinente a la situación, sino también en el sentido de ser consistente con otros testimonios en nuestra vida.

Siempre que creamos que oímos del Señor en  una manera en particular, deberíamos buscar ratificación de la Palabra en otras áreas.

No deberíamos hacer que las cosas se ajusten a la Palabra, porque esto es peligroso, sino al contrario, deberíamos encontrar que hay muchas cosas en que la Palabra se adecua.

Puede ser el testimonio de otras clases de Palabras, o el testimonio de otras circunstancias.

Lista práctica para comprobar la guía

– ¿Esta guía ensalza al Señor o a la persona que la ha dicho?

– ¿Dice la cosa correcta en el lugar correcto, método, secuencia, gente, estructura, actitud, resultado, etcétera?

– ¿Es la guía recibida en armonía (o de acuerdo) con la Escritura, o la contradice?

– ¿Está la paz de Cristo reinando en mi corazón? (Filipenses 4:7; Isaías 26:3).

– ¿He obedecido la guía de Dios previa para mí?

– ¿Estoy dispuesto a ser desinteresado y poner a Dios primero en esta situación?

– ¿Qué dicen las Escrituras sobre lo que debería hacer en esta situación?

– ¿He orado y me he agarrado a Dios referente a mi situación?

– ¿Confirman mis líderes espirituales y el cuerpo de Cristo en general la guía recibida?

– ¿Estoy actuando por sentimientos o emociones temporales o momentáneas?

– ¿Estoy limitando a Dios con mi intelecto?

– ¿Tengo la expectación de que Dios me guiará?

– ¿Capacitan o impiden mis circunstancias la guía recibida?

Conclusión

Dios quiere sólo lo mejor para nosotros. No se equivoca nunca, y nunca tiene prisa. Hacer Su voluntad es tener una vida realizada y gozosa porque somos creados para hacer Su voluntad.

Resumen y aplicación

1. Dios el Padre quiere que vivamos en su voluntad nuestras vidas.

2. Vivir en el plan de Dios para nuestra vida nos capacitará para vivir una vida realizada y gozosa.

Dios nos ama y quiere sólo lo mejor para nosotros.
3. Necesitamos saber qué quiere Dios hablarnos y guiarnos.

4. Necesitamos oír la voz de Dios como parte de la vida cotidiana.

5. Necesitamos aprender a conocer la voz de Dios y su guía en toda situación.

6. Dios escoge la manera para hablarnos.

7. La Palabra de Dios nos traerá libertad.

Tomado del Libro Los fundamentos de la vida cristiana

Bob Gordon y David Fardouly

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